LA RECONQUISTA Y POSTERIOR EXPULSIÓN DE MORISCOS Y JUDÍOS
Se denomina Reconquista al proceso histórico en que los reinos cristianos de la península ibérica buscaron el control peninsular en poder del dominio musulmán. Este proceso tuvo lugar entre los años 722 (fecha probable de la rebelión de Pelayo) y 1492 (final del Reino nazarí de Granada).
Rendición de Granada, Boabdil entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Catolicos.
Los sultanes nazaríes
La lucha de poder entre estos tres personajes emparentados debilito sus posibilidades (entre paréntesis se indican sus periodos de gobierno efectivo):
Abu-l-Hasan «Alí Muley Hacén» (1464-1482 y 1483-1485).
Abu Abd-Alah, Mohámed XII «Boabdil» también llamado el Chico (1482-1483 y 1486-1492), hijo del anterior. Es el más implicado con los Reyes Católicos, con los que había acordado la entrega de Granada si se le garantizaba un señorío en las Alpujarras.
Mohámed XIII «el Zagal» (1485-1486), hermano del primero y tío del segundo.
Cid Hiaya el-Nayyar (o Sidi Yahya), primo de Boabdil y cuñado de El Zagal, que actuaba como virrey o walí en Almería, Guadix y Baza, era partidario de la alianza con los castellanos, y terminó por entregar Baza y bautizarse con el nombre de Pedro de Granada (1489), iniciando la poderosa familia de los Granada Venegas.
LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS
Como los judíos en 1492, también habían sido ya expulsados los mudéjares (musulmanes) de Castilla en 1502 y en 1525 de la Corona de Aragón. Los que, para poder quedarse, aparentemente accedieron a una conversión que resultaba forzada, pasaron a ser llamados moriscos. Siguieron con sus vestimentas rituales preceptivas, como el velo islámico, que denotaban su islamismo poco disimulado. Los nobles que los tenían como colonos en sus tierras o como artesanos a sueldo los protegían. Especialmente en la Corona de Aragón, donde eran muy numerosos en el Bajo Aragón y en las huertas de Valencia. El descubrimiento de sus conexiones con turcos, berberiscos, franceses e ingleses, que intentaron utilizarlos bélicamente, incrementó la creciente presión popular hasta ser ya imparable. La mayor parte de los embarques fueron en 1610 hacia el norte de África.
"El trauma para los moriscos fue espantoso."
Los daños demográficos y económicos para España fueron muy graves, sobre todo porque ya se iniciaba la crisis económica y demográfica
ANTECEDENTES
Los mudéjares habían pasado a ser denominados moriscos al convertirse al cristianismo, porque su conversión había sido en muchos casos forzada por la disyuntiva de la expulsión en 1502 de Castilla y en 1525 de la Corona de Aragón y seguían con sus costumbres, vestimentas (el velo islámico), fiestas, ligadas a la religión islámica, que era evidente que seguían profesando en muchos casos. La práctica de la taqiyya o simulación externa de fe cristiana, mientras se mantiene internamente la adhesión islámica, considerada lícita por los musulmanes, era considerada como "hipocresía militante" inadmisible por la inmensa mayoría de la población. En realidad, según Chlkha, fueron los decretos promulgados entre 1525 y 1528los que generalizan en toda España la conversión forzada y aparente de los mudéjares (musulmanes), que por ser falsa hace que sean denominados popularmente moriscos. La presión de la mentalidad que había llevado a la expulsión de los judíos y a implantar la exigencia de limpieza de sangre exigía la asimilación o la expulsión y se complicaba hasta la indignación y la preocupación de los dirigentes políticos cuando se van produciendo insurrecciones como la de las Alpujarras en 1568 y, sobre todo, cuando se va descubriendo la connivencia y la conexión con enemigos exteriores, como los turcos y berberiscos islamistas, los ingleses y los franceses.
La guerra originada por la insurrección de las Alpujarras (1568-1570) desembocó en la deportación de los moriscos del reino de Granada a los demás reinos de Castilla en 1571.
La expulsión de los moriscos el año 1610 cambió todos los ámbitos de la realidad aragonesa, donde llegaron a representar más del quince por ciento de la población.
EXPULSIÓN DE LOS JUDIOS
En la plena Edad Media se trasladan a la España cristiana desde la España musulmana, donde, en las épocas de islamismo que sobrevienen bajo los almoravides y los almohades, empieza a haber intolerancia religiosa. En la España cristiana, la prosperidad es creciente y hay tolerancia. Ni siquiera se les aplica la prohibición que afectaba a los cristianos de prestar dinero a interés y algunos se dedican a las finanzas, e incluso son protegidos por los reyes y por los nobles. España, a la que llaman Sefarad, llega a ser su hogar preferido, porque además sufren las expulsiones de Inglaterra (1290) y de Francia (1306). Con la crisis de la Baja Edad Media, también en los diversos reinos de España empieza a haber explosiones de violencia por parte de las capas bajas de la población contra los judíos (1328 en Estella, 1391 en muchos lugares de España), aunque las autoridades los siguen protegiendo. La presión popular contra los judíos se intensifica a lo largo del siglo XV y se extiende a sectores superiores de la sociedad la explosiva mezcla de acusaciones de usura con las religiosas contra los falsos conversos judaizantes. Esta presión al final ya no es contenida por la Corona de Castilla y Aragón, cuyos reyes firman el decreto de expulsión de los judíos en 1492. También serán expulsados de Portugal (1497) y de Navarra (1498) por sus respectivos reyes. Es la medida más traumática producida por la distorsión renacentista en la religiosidad católica. Porque en la Plena Edad Media es cristiana la sociedad, aún más, pero hay tolerancia para los judíos. Es una expulsión por motivos religiosos distorsionados por la modernidad renacentista, no por motivos racistas, puesto que no son expulsados los judíos conversos, ni los que se hacen bautizar en aquel momento. Aunque el decreto dice que el problema de que haya falsos conversos es por la presión de los que siguen siendo judíos, seguirá existiendo el problema de los judaizantes y de la actuación de la Inquisición contra ellos.
EXPULSIÓN DE LOS FRANCESES
Los sefarditas expulsados de España fueron quizá unos 180.000. Aparte de la pérdida demográfica y económica, crearse como enemigos a los financieros de este origen fue un gran problema para España en la época de su hegemonía mundial que ahora empezaba. Continuamente tendrá problemas financieros.
Siempre los que han agredido al pueblo judío han tenido su castigo, como hizo notar Edith Stein, la gran filósofa judía del siglo XX, martirizada por los nazis después de su conversión al catolicismo y canonizada como santa Teresa Benedicta de la Cruz, que es el nombre que había tomado cuando se hizo monja.
Hace falta comprobar y demostrar si quien llevó a Isabel a la idea de expulsar a los que seguían siendo judíos de religión fue aquel sector de ex-judíos que eran enemigos acérrimos de los que seguían siendo judíos de religión, porque procedían de los que se habían declarado cristianos debido a que eran entre los judíos aquellos que Domínguez Ortiz caracteriza como la porción más rica, pero "la más inmoral, la más corrompida y la menos creyente", cuya conversión fue "como el desenlace del cisma latente", que oponía a los "enriquecidos de tibia fe frente a los modestos artesanos"
El Levantamiento del dos de mayo, ocurrido en 1808, es el nombre por el que se conocen los hechos acontecidos en Madrid aquella jornada, surgidos por la protesta popular ante la situación de incertidumbre política generada tras el Motín de Aranjuez. Reprimida la protesta por las fuerzas napoleónicas presentes en la ciudad, se extendió por todo el país una ola de proclamas de indignación y llamamientos públicos a la insurrección armada que desembocarían en la Guerra de Independencia Española.
El afán de poder, fama y dineros de Godoy era máximo, y por ahí supo entrarle Napoleón. Con el pretexto de ser Portugal aliada de los ingleses y ofreciendo a Godoy una corona en los Algarves lusitanos, se firmó secretamente el tratado de Fontainebleau el 28 de octubre de 1807 por el que se permitía el paso de los franceses por tierras españolas para que llegaran sin problema a dar un repaso a nuestros vecinos del oeste. El pueblo español, sumamente quemado por la incompetencia de Don Manuel y su monarca, no vieron el paso de los franceses con malos ojos, pensando que de esta forma ambos serían suprimidos de sus cargos y se instauraría a Fernando VII en el trono. Nada más lejos de lo que Napoleón tenía en mente: la anexión de España suponía contar, además de con un buen punto estratégico, el uso de los astilleros para la construcción de navíos con los que hacer frente a los ingleses y la gestión del comercio de las colonias americanas. Demasiado suculento. Para cuando Godoy quiso darse cuenta de la jugada, ya era demasiado tarde.
El 23 de marzo, Madrid sería ocupada por el general Joachim Murat, militar de talento y hombre de la máxima confianza de Napoleón, que ya había logrado gran fama por sus estupendas cargas de caballería y sus éxitos en Marengo, Austerlitz, Jena y Friedland. La llegada del general, al mando de 10000 hombres, provocó el desalojo de la mayoría de los cuarteles de la ciudad e incluso de algunos conventos para albergar a las tropas, mientras que los nobles debían acoger en sus casas a los oficiales de mayor graduación, y el resto de ciudadanos en las suyas a quienes no hubieran dispuesto ya de alojamiento. Esta situación, unida al trato grosero e irrespetuoso con el que los franceses trataban a las mujeres locales e irritó sobremanera a los madrileños. Desde el primer día hubo bajas en el ejército francés, oscilando entre contusiones leves y muertes absolutas, motivadas por las agresiones de los huéspedes que no toleraban tamaña falta de respeto.
Mientras tanto, Fernando VII, aquél en quienes estaban depositadas todas las esperanzas del pueblo, había sido llamado a Bayona por Napoleón con motivo de una supuesta reunión, para acabar siendo prisionero allí junto a su padre.
Dos circunstancias clave se juntaron: por una parte los madrileños empezaron a sospechar la jugada que realmente se tenían manos los franceses; por la otra, Murat, bajo orden expresa de la superioridad, calentaba los ánimos del pueblo para provocar un tumulto que sirviera para justificar una intervención que sirviera de escarmiento y amedrentara al resto del país.
El 1 de mayo los gritos contra los franceses ya eran evidentes: a la salida de misa de la iglesia del Carmen Calzado, durante la revista dominical en el Paseo del prado, en la Puerta del Sol… hasta que el calendario dio paso a un nuevo día, el 2 de mayo de 1808.
El tres de mayo de 1808 en Madrid (también conocido como Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío[o Los fusilamientos del tres de mayo) es un cuadro del pintor aragonés Francisco de Goya terminado en 1814 que se conserva en el Museo del Prado,Goya sugirió el encargo de estos cuadros de gran formato a la regencia liberal de Luis María de Borbón y Vallabriga, antes de la llegada del rey Fernando VII. En cualquier caso, la intención de Goya para hacer estos cuadros queda plasmada en una carta autógrafa del aragonés, donde escribe:
Siento ardientes deseos de perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa.






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